Archivos para Octubre, 2007

Confusão

Posteado en the word sobre Octubre 28, 2007 por litera

harvey.jpgAcabo de terminar de leer Un día más con vida de Ryszard Kapuscinski. Es un libro de lectura imperiosa, de esos que marcan paradigmas por su cercanía con las líneas vitales de la historia y porque nos recuerda lo que a veces olvidamos o negamos, que estamos dentro de la historia; y no me refiero al avance diacrónico de los acontecimientos, sino a la sucesión de causas y efectos que nos otorgan conciencia histórica, un entendimiento que trasciende los nacionalismos y sus fechas de calendario oficial, algo que nos vuelve universales. Tener conciencia histórica es tener los ojos abiertos al mundo.

Un día más con vida es un ejemplo de dicha apertura. Se trata de la crónica de los días anteriores al nacimiento de la República Nacional de Angola, envueltos en conflictos bélicos, guerrillas tribales, carencias, sed, hambre, muerte. Kapuscinski refiere su experiencia en Luanda, punto clave para la independencia de Angola, ciudad determinada por los combates entre el MPLA (Movimiento popular por la liberación de Angola), dirigido por el poeta Agostinho Neto, y el FNLA (Frente nacional de la liberación de Angola), dirigido por Holden Roberto. La crónica de Kapuscinski se caracteriza por contener no sólo la memoria del periodista sino las voces de una colectividad, la gente de Luanda. He aquí la apertura: la polifonía, la capacidad de escuchar y ver lo verdaderamente importante, de detectar los símbolos, identificar hechos. No importa la fecha, importa el suceso. Las fechas pueden ser arbitrarias, los sucesos están insertos en una continuidad.

Casi al final del libro, Kapuscinski narra que la víspera de la proclamación de la independencia, llegaron a Angola un grupo de corresponsales extranjeros en busca del dato preciso para sustentar su información. No lo hallaron. Dice Kapuscinski:

kapuscinski3-afrika.jpg

La respuesta más real y sensata la proporciona Félix. Preguntado por la situación, contesta brevemente:
-Confusão.
Confusão es la palabra clave, una palabra que lo sintetiza todo. En Angola, tiene un significado específico y, a decir verdad, es intraducible. Simplificando mucho, confusão quiere decir desorden, desabarajuste, estado de caos y anarquía. Se trata de una situación creada por las personas pero que, sin embargo, acaba por escaparse al control de esas personas, las cuales, finalmente, se convierten en sus víctimas. La confusão encierra cierto fatalismo. Uno quiere hacer algo pero todo se le escapa de entre las manos, quiere actuar pero hay una fuerza que lo paraliza, quiere crear algo pero lo que crea no es sino más confusão. (…) Las personas que se ven envueltas en la confusão no saben explicar lo que ocurre a su alrededor ni dentro de ellas mismas. Tampoco saben definir fehacientemente lo que la ha provocado en ese caso concreto. Existen portadores y sembradores de confusão; a éstos hay que rehuirlos, cosa harto difícil pues en realidad todos y cada uno de nosotros puede convertirse en un momento dado en causante de confusão, aun en contra de su propia voluntad. (…) Todo aquel que haya comprendido el sentido de esta palabra ya lo sabe todo. A veces ocurre que la confusão se extiende sobre territorios muy vastos y se enseñorea de millones de personas. Entonces estalla una guerra. (…) Al cabo de un tiempo, la confusão perderá fuerza, se debilitará y acabará por desaparecer. Salimos de ella agotados, aunque también contentos en cierto modo, satisfechos de haberla superado. Y volvemos a acumular energías para la siguiente confusão.

Kapuscinski lo dice: “aquel que haya comprendido el sentido de esta palabra ya lo sabe todo”. Es como con la historicidad: no se trata de entenderla en función de cronologías sino en función de su continuidad e incluso de su contingencia. Esto se logra manteniendo la mirada dispuesta, como mencioné antes, los ojos abiertos al mundo. Y aquel que lo logre quizás no lo sepa todo, pero será capaz de comprenderlo, de superar la confusão inherente en todas las cosas.

Calling all horses: Conférence des chevaux, Generik Vapeur

Posteado en the eye, the thought sobre Octubre 28, 2007 por litera

1147439406.jpg

Siempre he considerado que una de las funciones del arte es concretar las posibilidades de lo imposible, de todo aquello que en apariencia no sucede pero está latente, de lo que no es pero debiera haber sido. Por el arte se visualiza el mito, la ficción primigenia, y al visualizarse, existe. Es como la fe, “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Cuando una creación artística te hace experimentar fe es, en mi opinión, una obra completa, porque conmociona el espíritu.
Hace unos días, esta reflexión sobre el arte se me vino a la cabeza mientras veía volar sobre mí a un pegaso. Volaba, claro, a razón del artificio, del artefacto: una grúa, cables, arneces, juego de luces, música en vivo. Era el pegaso comido por la ballena, el mito de Jonás revivido por la compañía francesa de teatro callejero Generik Vapeur, que se presentó en el Fórum con el espectáculo Conférence des chevaux, la conferencia de los caballos.
A reserva de todo lo que puede (y debe) criticarse del Fórum, debo admitir que haber traído a esta compañía fue un acierto. El concepto del teatro callejero me parece que todavía no está del todo definido en Monterrey. Aquí es muy fuerte la tradición de la gran sala, el auditorio, el espacio específico. Hay una serie de colectivos que hacen uso de otros espacios e inciden en la linealidad urbana, pero no siento que hayan modificado de manera importante los modos de vivir una puesta en escena. Lo que sucede con Generik Vapeur es mágico: un desfile de artefactos y caballos, de música y pirotecnia, de personajes y aparatos: el esqueleto de una ballena iluminado dentro del cual se observa el esqueleto de un pegaso. La ballena avanza lanzando chorros de agua, va nadando entre el mar de gente que la persigue, seguida de ruedas de luces, de buzos, de caballos, de la banda que toca en vivo. Mientras se desplaza, una serie de fuegos artificiales destellan desde los hornos, de las chimeneas. Todos los elementos están muy bien coordinados, de manera que te sientes parte de todo, de la conferencia, y vas detrás de la ballena para llegar junto con ella al punto donde se detiene: el lugar donde el pegaso se libera.

Jonás fue tragado por la ballena y no murió. Desde el interior del cetáceo ocurrió el milagro. Igual sucede con el pegaso, un mito dentro de otro mito, el caballo que vuela dentro de la ballena sagrada. Ambos son puro esqueleto, la estructura básica de las ficciones, las que aparecen como imposibles y por el arte suceden: al salir de la ballena, el pegaso vuela. En esto consiste la fe.

1147439227.jpg

El rey iguana

Posteado en the eye sobre Octubre 24, 2007 por litera

toledo.jpg

Hoy me topé de frente con Francisco Toledo. El Rey Iguana, como lo apodaba su padre. Lo vi caminando vestido de blanco, alto, delgado, con el pelo cano y una bolsa al hombro. No le hablé. Simplemente lo seguí. Me fui detrás de él atraída por su andar, veloz, definido. Mientras caminaba viendo su espalda imaginé su zoología marchando a sus costados: iguanas, gatos, tortugas, monos, conejos, sapos, toros, cangrejos, perros, peces, grillos; todo un desfile de reptiles, mamíferos, insectos manando de sus dedos. Pensé en esqueletos perdidos en el éxtasis de la fornicación. En rojo, en azul. En agua. En tierra. Me dí cuenta que yo había sido la única en reconocerlo. Que sólo yo lo seguía como una devota sigue a un santo. Él nunca volteó hacia mí porque nunca lo llamé.

(Tanta subjetividad, es la fascinación.)

artwork_images_710_235325_resize_francisco-toledo-the-net-la-red-asp.jpg

francisco_toledo009.jpgA Tamayo lo conoció allá en París, ¿cómo fue que se relacionó con él?

Yo llevaba una carta de recomendación de la galería de Antonio de Souza y, con ella, llegué a su casa en París. Yo era muy tímido, toqué la puerta sin anunciarme, me abrió Olga y me cerró. Volví a tocar, volvió a abrir y, por fin, me dejó entrar. Tuvo miedo que fuera yo un árabe perdido o un pordiosero. Era un estilo de ella. Cuando supieron que era de Oaxaca, me trataron de paisano, de hijo y hermano.

En el momento en que ellos decidieron regresar, Tamayo me recomendó con su coleccionista, la señora Ussia, a la que le pidió que me diera una beca. Ella nos invitó a comer, y Tamayo le dijo. “A este muchacho tienes que ayudarlo”. Además, cuando Tamayo se fue, me entregó todas las herramientas que él usaba. Me acuerdo que se lo conté a Octavio Paz y él me dijo: “Se da cuenta lo que eso significa, le está dando la estafeta, le dio algo que usted debe continuar”. Esta historia la he rehecho, me encantaba ver las herramientas como con un halo mágico; he dicho que Tamayo me dio herramientas y pinceles que creaban por sí solos.

Francisco Toledo en entrevista con Silvia Cherem (en El Norte, 19 de septiembre de 1999)

seminario5.jpg

Imágenes: La red (1974), La hamaca del cangrejo (1988), Gatos (1975).

http://www.franciscotoledo.net/

Luca: The big solar boy

Posteado en the thought sobre Octubre 23, 2007 por litera

Sospecho que para estas alturas un número considerable de regiomontanos y no regiomontanos han presenciado el espectáculo de La fragua del mundo, evento emblemático del Fórum que se presenta todos los días en el Horno 3 de Fundidora. Hay quienes lo han visto varias veces. Yo sólo lo he visto una. Por supuesto, una marioneta gigante caminando entre la gente es maravillosa. Pero lo que a mí me ha impactado, primero, es una cosa: Luca se ha convertido en un referente histórico de la vida cultural de Monterrey. Cuando pasen los años alguien lo recordará y otro alguien dirá: Sí, yo también lo vi. Como cuando el cielo se tiñó de rojo hace algunos años. Es algo que quedará en la memoria. Es posible que lo que mucha gente recuerde del Fórum sea a Luca siguiendo a Prometeo envuelto en llamas. Sin embargo, podría asegurar que lo recordarán sin toda esa carga simbólica que sus creadores, Jorge Vargas y Philippe Amand, le ha impreso a cada elemento de su producción. Lo digo porque justo ayer he leído en El Norte una nota de Daniel Santiago que ofrece cifras acerca de la recepción del mensaje y, según indican, no es del todo digerido. Muchas veces, si no es que siempre, tomo con reserva lo que publica El Norte (sobre todo lo referente a las estadísticas), pero ahora consideré factible esta situación: ante la grandeza del espectáculo (Luca, una soprano cantando en vivo, música de chelos, bailarines, rapelistas, luces, fuego, Prometeo, el Horno 3 iluminado y sonorizado) el mensaje se diluye. La segunda cosa que me impacta es la seducción pronta por las formas y lenta por los contenidos.

Y es que estaba leyendo, en esta misma nota, los argumentos de los creadores de La fragua… y me parecen serios, una propuesta escénica sin precedentes en Nuevo León con un objetivo muy definido: englobar los cuatro ejes temáticos del Fórum y comunicar la importancia del conocimiento. Lo que me ha causado ruido, no obstante, de lo dicho por Jorge Vargas a El Norte, es el hecho de acceder al conocimiento. ¿Cuál es el sentido que le da a esta acción? ¿Es el conocimiento el que está ahí, latente, y uno entra en él; o es uno el que da cabida al conocimiento, el que se abre? Parece que no, pero hay una diferencia importante. La primera opción es muy sencilla: es mi exterioridad asimilándose a un stream of knowledge colectivo; la segunda opción es mi interioridad asimilando lo otro, lo de fuera. Esto requiere mayor esfuerzo, pues supone una violentación del ser, una modificación. Y a fin de cuentas, eso es lo que hace el conocimiento, nos modifica.

En el espectáculo, Luca despierta y una esfera de luz se le aproxima: el conocimiento. Luca lo toma, pero sin moverse de su sitio. Luego, Prometeo se le acerca, con el fuego en sí mismo, y lo incita a seguirlo. Lo que a mí me queda es una ambigüedad muy extraña, en la que el conocimiento se manifiesta de dos maneras y produce dos resultados distintos: la pasión y la acción. Entonces no me queda claro el mensaje. ¿Qué tipo de acceso al conocimiento se pretende comunicar, si es que se logra comunicar? ¿Y para qué?

En un momento de La fragua del mundo se escuchan versos de El sol de Monterrey de Alfonso Reyes, el sol -Prometeo- que persigue al niño -Luca. Que lo ilumina. Pero también podría cegarlo. Hay otro mito, el de Faetón, el hijo del Sol, que creyéndose el Sol mismo altera el orden del mundo al tomar el carro de su padre. Pero esta interpretación es demasiado mía. De nuevo me impacta la seducción pronta por las formas y lenta por los contenidos.

El hurto epifánico (o cómo iniciar una historia de amor)

Posteado en the word sobre Octubre 20, 2007 por litera

Estoy convencida de que el libro de Amos Oz que robé en la Feria del Libro se quedó en mis manos porque debía irse conmigo. Es justo lo que necesito leer en estos momentos. Claro, no lo supe hasta que lo empecé, hasta que avanzadas unas páginas me encontré con la frase que resonó en mi cabeza como consigna:¿Cómo empezar una historia de amor? Yo también me lo pregunto ahora, ante la claridad de la epifanía. Si es amor lo que se intenta, ¿cómo iniciar, cómo dar el primer paso, escribir la primera palabra, movernos con el deseo? El mismo mar de Amos Oz es una historia de amor que no tiene idea de su origen y en el desenvolvimiento de la escritura, lo busca.

munch190307b15.jpg

Ni mariposas ni tortuga (fragmento)

Posibilidad de nieve en las cumbres aseguraron en la radio
y no se cumplió. Pero Nadia, que no aseguró nada,
apareció en su casa el sábado por la mañana, vestido claro,
pañuelo rojo alrededor del cuello, medio mujer
medio niña. ¿No me esperabas?¿Estás libre? (Libre
hasta la desesperación. Su corazón se paró
de alegría y turbación: Nadia. Ha venido. A verme. A mí.)
Albert vivía entonces en una habitación alquilada
a una pareja sin hijos en la parte vieja de Bat Yam.
Se habían ido fuera a pasar el Shabbat.
El piso estaba a su disposición. Hace sentarse a Nadia
en la cama y va a la cocina a cortar pan integral,
vuelve con una bandeja con queso curado y miel.
Da vueltas por la habitación, regresa
a la cocina, corta tomates, prepara una ensalada muy picada
y sazonada como si así la fuera convencer
de que él tenía razón. No la deja ayudarle en nada. Hace
una tortilla. Pone agua a calentar. Como alguien que está
en su elemento. Eso la sorprende, porque hasta hoy,
cuando han salido a un café o al cine, Albert le ha parecido
inseguro, indulgente. Y ahora se pone de manifiesto que
en su casa hace lo que quiere y lo que quiere es
hacerlo todo solo. Con la yema del dedo ella le toca la mano:
Gracias. Se está bien aquí.
Café. Pastas. Pero ¿cómo empezar una historia de amor
en una lluviosa mañana de sábado como ésta,
en una habitación descolorida en la parte vieja de Bat Yam
hacia mediados de los años sesenta? (…)
La luz es vacilante. La habitación es estrecha.
Nadia está sentada. Albert está enfrente.
Ninguno de los dos sabe cómo empezar.

(Amos Oz, El mismo mar, Siruela, 2007. Traducción del hebreo de Raquel García Lozano. La xilografía es de Edvard Munch.)

Acerca de ver y no ver: una más sobre el Encuentro Internacional de Escritores

Posteado en the thought sobre Octubre 17, 2007 por litera

El lunes pasado (15 de octubre) salió publicada en la sección Fórum Monterrey de Milenio una crónica acerca del Encuentro Internacional de Escritores, escrita por Rogelio Villarreal. El texto se titula “Crónica (inevitablemente parcial) de un encuentro de escritores”. Está ilustrada con varias fotos, pero la que destaca es una donde aparece en primer plano Xhevdet Bajraj, el poeta de Kosovo, con la cara entre las manos justo antes de su participación en el Encuentro, mientras a su lado lee su ponencia el narrador ecuatoriano Abdón Ubidia. La nota de pie de foto dice: Todo encuentro corre el riesgo de ser un desencuentro.

La crónica de Rogelio me ha gustado precisamente por lo parcial, por no buscar ser complaciente y por no contribuir a la mitificación de este tipo de eventos. Desde el inicio del texto, Rogelio se orienta hacia lo tangible y no sólo hacia ese topos uranus en que parece vivir todo el tiempo el escritor, el intelectual (qué fea palabra, es realmente una mala palabra). Abre con un fragmento de un poema de Xhevdet que dice: “Cuatro personas fueron asesinadas y no había guerra / No había guerra te lo juro por Dios” (ignoro si está disposición versal sea la correcta, pues en el periódico no se distingue; de hecho, el texto en general tiene muchos errores tipográficos). Ante la evidencia de la muerte la contundencia de la negación. Es lo mismo que sucede, en muchísima menor escala y guardando las proporciones debidas, en las esferas culturales.

En su crónica Rogelio refiere su visita al Café Nuevo Brasil, donde bebieron, claro, cervezas, y escucharon declamar poemas al Pancho Loco. Empezar la crónica de un Encuentro con esto es muy significativo. Me explico: durante una de las comidas, Silvia Eugenia Castillero, directora de la revista Luvina, me dijo: “¿Has estado viniendo al Encuentro? No te había visto”, “Sí, respondí, he estado en varias de las mesas, pero bueno, no había venido a las comidas”, “Ah, con razón. Es que en realidad es en las comidas y cenas donde verdaderamente se convive y se conoce a la gente”. Esto puede rayar en lo escandaloso: ¿organizar todo un evento con un tema y pedir trabajos y leer para que lo que verdaderamente importante sea la tertulia? Pues sí, así es, Silvia Eugenia tiene toda la razón y Rogelio también. Un escritor es un ser vivo, debe estar en la vida. Parece obvio, pero muchos lo olvidan. Concentran sus ojos en la grafía. Se confunden con un espejismo de abstracciones. Lo obvio, y creo que ya lo he dicho antes, es lo necesario.

Con la crónica de Rogelio me he acordado de esta pequeña gran verdad: lo importante que es observar. Hay detalles, como los de este tipo de eventos, que se pasan por alto a falta de un ojo libre de abstracciones. Un ojo que mire la inmediatez de las cosas. Esto lo digo por la tendencia actual de eufemizar todo, de maquillarlo. En muchas ocasiones, dada nuestra formación, nos sentimos obligados a ver la doble cara de las cosas, a buscarles su “verdadero sentido”, suponemos que la connotación es forzosa y en realidad hay sucesos, personas, objetos, que simplemente denotan. Tal como dice el poema de Xhevdet: Cuatro personas fueron asesinadas (¿se puede ser más claro?) y no había guerra (¿se puede ser más ciego?).

Rompiendo la inercia de la FIL

Posteado en the thought sobre Octubre 16, 2007 por litera

foto_academica_int.jpgEl fin de semana pasado inició la XVII Feria Internacional del Libro en Monterrey. Antes de que empezara me invadieron varios pensamientos: que seguramente vendrá más pobre que el año anterior, habrá menos títulos, menos editoriales, menos libreros auténticos (aunque esos siempre han sido una carencia en la FIL de nuestra ilustre ciudad del conocimiento -las bajas son intencionales-); que los autores de renombre que se dignarán a visitarnos serán los de las editoriales con temas de motivación, religión, o escritores tipo Laura Esquivel (o en su defecto los editados por Alfaguara, master de la mercadotecnia editorial); que la Cátedra Alfonso Reyes estará igual de sosa con los mismos profesores anquilosados y las mismos acercamientos críticos a los mismos escritores latinoamericanos (entiéndase Fuentes, García Márquez, Pacheco y en esta ocasión, Vargas Llosa); que no habrá auténticos precios de Feria (uno que compra libros regularmente reconoce el fraude, la terrible conducta de las editoriales de dar gato por liebre, de querer presentar su producto como una rareza y que la Feria es una oportunidad ideal para el lector de conseguir lo que encuentra con facilidad en las librerías de la localidad); que, en efecto, uno no encuentra lo que busca. En fin, que todo es lo mismo que el año pasado pero más decadente.

No obstante, fui. ¿Por qué? Sospecho que quedan en mí algunos resquicios de fe. Y, por supuesto, la terrible inercia que rige nuestras vidas. Ya es octubre, ya es la Feria del Libro. En cuanto llegué a Cintermex me invadió la sensación de estar detenida en el tiempo: todo ubicado de la misma forma, los mismos pendones de hace varias ediciones de la Feria cuelgan fuera de Cintermex: la cara de Poniatowska, de Fuentes, congelados en un momento ya muy añejo, me hicieron sentir diez años joven. Andar por los pasillos es un enorme deja vú. Me explico: no experimento la emoción por un evento que, se dice, ya es tradición; sino más bien cansancio, hastío, notar sin sorprenderme la parálisis de la cultura de la lectura.

Como ya sé cuáles editoriales nos visitan, y como ya conozco la mayoría de los catálogos, opté por concentrar mi atención y tiempo en el stand de Colofón, honrosa excepción, que trae títulos de editoriales como Anagrama, Acantilado, Siruela, Trotta, Gredos, entre otras muy buenas, que son difíciles de conseguir en la cotidianeidad, sobre todo los de las tres últimas, y a precios muy accesibles, pues manejan descuentos importantes (hasta un 30 por ciento). Elegí Incesto, el primer tomo de los diarios de Anaïs Nin, que el año pasado no habían traído, pero trajeron Fuego, Ahora tengo los dos. También escogí un libro bellísimo de Trotta de Soren Kierkegaard, acerca del instante. Por lo general la Gandhi trae títulos de Trotta, pero son sobre todo los de religión y filosofía más rigurosa. Sabía que éste de Soren no lo encontraría, así que lo tomé. Debo decir que cuando la chica me dijo el total de la compra me sorprendí: era muchísimo menos de lo que esperaba. Antes había pasado por TusQuets, que con alegría noté que les habían dado su propio stand, y adquirí Sin plumas de Woody Allen.

Luego me encontré con Guillermo, que fue lo mejor porque es un ferviente lector de literatura contemporánea y estar con él enriquece el abanico de autores de cualquiera. Anduvimos, pues caminando. Guillermo traía una lista de libros (de los cuales no encontró muchos, bueno, casi ninguno), pero al pasar por la UNAM nos llevamos cada uno un libro, que ya es ganancia (como reza el slogan de la editorial de la UNAM, son libros con espíritu). De hecho, ir al stand de la UNAM y salir con las manos vacías es, realmente, imposible.

oz.jpgDespués de un rato volvimos a Colofón. Guillermo me preguntó: “¿Has leído a Amos Oz?”. “No, respondí, pero Siruela trae algunos títulos. Yo pensé llevarme uno, pero ya no lo tomé”. Nos acercamos a la mesa con los libros de Amos Oz sobre ella (y los de Calvino, Lispector, Nin, y otras firmas de Siruela). Le mostré a Guillermo uno de ellos, el de El mismo mar, y le dije “No sé si llevármelo”. Decidí no hacerlo y nos pasamos a Sexto Piso. Justo cuando Guillermo me decía algo acerca de un libro de Milorad Pavic, le pregunté “Oye, ¿y dónde dejé el libro de Amos Oz?”. Guillermo, entre discreto y no, me dijo entredientes “Lo traes en tus manos”. Yo bajé la mirada incrédula y, sí, en efecto, el libro de Amos Oz estaba en mis manos.

Por supuesto no lo devolví.

Siempre quise robarme un libro. De alguna manera el robo del libro de Amos Oz me ha completado como persona inmersa en la literatura. Guillermo se mostraba emocionado: “¡¡Ahora ya sabes lo que sentía Bolaño!!”. Sí, ahora lo comprendo. Es agradable tener empatía con un autor como Bolaño en situaciones tan llenas de adrenalina como éstas. Y lo mejor es que mi aburrimiento inicial se transformó en alegría, por haber hecho algo que nunca había hecho y que con ello, de alguna manera, rompía con la linealidad del proceso compra-venta del mercado editorial.

Me siento contenta, porque no me robé cualquier libro (ya lo empecé a leer); pero por otro lado, pienso: era muy evidente que lo había tomado. Los vendedores no se dieron cuenta porque no reconocen su mercancía. Los que se encargan de vender libros no saben de libros. Cualquier lector incipiente se encuentra volando en el limbo. ¿Quién lo asesora? ¿Quién le dice qué es lo que debe leerse porque guarda esencias, porque se acerca a lo humano, porque conmueve?

De nuevo intuí el amodorramiento. Pero con el libro de Amos Oz lo hice a un lado.

Simplicity

Posteado en the word sobre Octubre 14, 2007 por litera

Hoy Alberti me ha recordado la necesidad de la brevedad. ¿Para qué tantas palabras? ¿Por qué el abuso del vocabulario? ¿Para qué forzarlo hasta el agotamiento? Todos los lenguajes son limitados, pero en la poesía, el poeta los transforma. El poeta afecto a la verborrea no comprende la finitud del lenguaje y lo explota, reniega de lo sencillo, de la capacidad de decirlo todo con pocas palabras. Acusa al poeta lacónico de breve, de reiterativo. Lo que no nota, absorto en sus juegos de lenguaje, es que el laconismo otorga eternidad a las palabras porque las dispone más de sentido que de forma: dicen más de lo que se lee.

Alberti me ha recordado la necesidad imperiosa de la brevedad.

Poeta, por ser claro no se es mejor poeta.
Por oscuro, poeta -no lo olvides- tampoco.

He aquí mi poema brutal y multánime a la nueva ciudad…

Posteado en the eye, the word sobre Octubre 13, 2007 por litera

bocci07.jpg

Somos seres urbanos. Asumirnos como tales es el principio del cosmopolitismo. Después viene el anhelo de calle, de escaparates, de edificios. La vorágine moderna con su coro de claxons. Vivir de café y cigarros. No ver las estrellas sino las luces de los arbotantes: alucinarlas lentejuelas. Ir con el tiempo. Contra el tiempo. Tras el tiempo. El cosmopolita avanza en un rush hacia la apertura: su objetivo es ser ciudadano del mundo, contener en sí mismo las potencialidades de todas las formas, para no pensar nada como diferente sino como algo ya latente que ahora reconoce. Pero sobre todo, el cosmopolita debe saber mostrarse open minded: cualquier prejuicio lo asesina, pero la ligereza lo nulifica.

1154432957_0.jpg Es a razón del cosmopolitismo que me fascina VRBE, de Manuel Maples Arce, el padre del Estridentismo, la gran vanguardia estética de México. Es el primer poema mexicano dedicado a la ciudad como ente (no por nada lo tradujo al inglés John Dos Passos, autor de Manhattan Transfer, la novela con la ciudad como protagonista por excelencia). Los estridentistas enaltecen la llegada de la máquina, del acero, de los humos de las factorías, pero lo hacen desde un enfoque crítico, como lo hiciera Charles Chaplin en Modern Times, donde Charlot es un obrero que termina literalmente dentro de la maquinaria como un engranaje más, un objeto dispensable con una única función que repite roboticamente hasta el final de sus días. Es la alienación del sujeto, su enajenación, diría Marx. En Metropolis, de Fritz Lang, el trabajador que va marcando los cambios de turno no tiene descanso y a nadie le importa: es parte del aparato. Aquí la situación del obrero es doblemente terrible, ya que además de estar enajenados viven en el subterráneo, anulados de la sociedad: son nadie, no existen.

Los contenidos sociales de los estridentistas estuvieron motivados por la Revolución mexicana y por la revolución rusa de 1917, los cuales se adaptaron a los nuevos discursos estéticos, como el futurismo. Les interesaba, sobre todo, la lucha contra lo tradicional y la expresión del hombre contemporáneo. A mi parecer, estos dos son los fundamentos del movimiento. En aquella época se había llegado a un punto en que la tradición paralizaba multitudes, los amodorraba con su gastada melancolía. Entonces, Manuel Maples Arce introduce el ruido, el estridentismo. Las multitudes despiertan. El estridentismo quiere que abran los ojos, las invita a cagarse en la estatua del general Zaragoza, manda a Chopin a la silla eléctrica y enaltece a Chaplin. Es necesario cambiar de iconos: el mundo está en movimiento.

moderntimes.jpg

Los futuristas promovían el manejo del lenguaje tecnológico del mundo moderno, la oda a la máquina, a la ciudad, a la velocidad y a la liberación del hombre por la máquina. Manuel Maples Arce dedica su poema VRBE a los obreros de México, los personifica, los abstrae y extrae de su nulidad, rescatándolos del complejo industrial a través de la concientización de su existencia. Los estridentistas tenían una postura política y apoyaban la revolución social. No están de acuerdo con la existencia mecanizada, abogan por la emoción.

Hay una petición de urgencia en el Manifiesto Estridentista: “Cosmopoliticémonos”, palabra que invoca una acción con doble sentido: asumirnos como los protagonistas del espectáculo moderno y hacerlo políticamente. Es una urgencia que resuena desde principios del siglo XX y todavía ahora, a principios del siglo XXI, apremia. Primero Marinetti, luego Maples Arce, después Chaplin y Fritz Lang: la ciudad inminente propone nuevas estructuras de pensamiento que el cosmopolita trae consigo como quintaesencias, como motores que lo impulsan a hacer/ser actualismo.

VRBE
(Súper poema bolchevique en cinco cantos por Manuel Maples Arce, 1924) (fragmento)

1

He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad.
Oh ciudad toda tensa
de cables y de esfuerzos,
sonora toda
de motores y de alas.

(…)

He aquí mi poema:
Oh ciudad fuerte
y múltiple
hecha toda de hierro y de acero
Los muelles. Las dársenas.
Las grúas.
Y la fiebre sexual
de las fábricas
Vrbe:
Escoltas de tranvías
que recorren las calles subversistas.
Los escaparates asaltan las aceras,
y el sol saquea las avenidas.

L’amor che mouve il sole e l’altre stelle

Posteado en the word sobre Octubre 12, 2007 por litera

hayne284.jpg

Entonces uno se agota en el amor. Se queda vacío con los ojos fijos en la contemplación de los mejores años de su vida anulados, porque son éstos y no otros los que uno pierde siempre. Ante tal convicción resulta comprensible lo incierto del futuro cuando se carece. Ya no está el otro, es lo único cierto, y no obstante, esa certeza no funge como paliativo: no cura, no nada. No es capaz de resolver el silencio que circunda cuando ya nadie nos llama y el nombre se convierte en un estorbo, en un sinsentido. ¿Qué importa el nombre si ya no será nombrado? La angustia se expande con el anonimato. Contra la llegada del silencio, el sonido de la soledad, sólo restan las palabras, las del enamorado hacia el amado, porque por más agotado que se encuentre, el que ama siempre está dispuesto.

Esta disposición al amor en contra del silencio la observo en dos poemas del siglo XIX: Sonetes of the Portuguese, de Elizabeth Barret Browing y The Vampire, de Rudyard Kipling. Los dos representan la voz del que sobrevive al amor como agonía, el que sólo es posible cuando se entiende como ascención mística. Únicamente una gran dicha puede devenir en gran dolor. Es una concepción romántica, sí, cercana a Goethe y su Werther, prototipo del amor frustrado. Sólo cercana, porque difiere en el desenlace: el amor puede truncarse pero nunca el ser humano. Frente a la muerte de Werther se yerguen opciones de vida. El amor es, por mucho, una elección: uno elige amar o no hacerlo. Amar es una toma de postura y el hecho mismo de continuar amando no obstante el desamor supone, por supuesto, otra toma de postura. En este sentido, no puede haber mayor afirmación del ser que la asunción de la responsabilidad de un amor.

elizabeth-browning.jpg

Elizabeth Barret Browing compuso 40 sonetos a su amor. El primero, al final, dice: “…a voice said in mastery, while I strove, / ‘Guess now who holds thee?’ ‘Death’, I said. But there,/ The silver answer rang, ‘Not Death, but Love’.” Se confunde a la muerte con el amor: ambos estados representan conmociones del ser, una fatal, la otra vital. Lo que los asemeja es su potencia, el influjo definitivo con el que alteran la existencia de quien los padece. Aunque esto no es muy exacto: ¿la muerte se padece, el amor se padece? Desde cierta perspectiva sí: antes de fallecer, se sufre; después del amor, también. El daño antecede y precede los dos momentos más contudentes de la existencia de cualquier persona. Elizabeth Barret insiste a lo largo de sus 40 sonetos: ella ama consciente del dolor:

How do I love thee? Let me count the ways
I love thee to the depth and breadth and height
My soul can reach, when feeling out of sight
For the ends of Being and ideal Grace.
I love thee to the level of everyday’s
Most quiet need , by sun and candle-light
I love thee freely, as men strive for Right;
I love thee purely, as they turn from Praise.
I love thee with a passion put to use
In my old griefs, and with my childhood’s faith.
I love thee with a love I seemed to lose
with my lost saints. I love thee with the breath
smiles, tears, of all my life! And, if God choose,
I shall but love thee better after death.

rudyard_kipling.jpg

The Vampire, de Rudyard Kipling, es, para mí, el poema maestro de la disposición del amor, el que ha dado todo sin obtener nada. El empeño de una vida, la que se vive en función del amado, se nulifica ante la indiferencia. El tonto del que habla Kipling somos todos, porque a pesar de regresar siempre a casa con las manos vacías, persistimos en ofrecer lo que tenemos de sobra y no es tangible. Una vez escuché: “No tienes amor y quieres dárselo a alguien que no lo quiere”. Esto es lo que leo en The Vampire.

A fool there was and he made his prayer
(Even as you or I!)
To a rag and a bone and a hank of hair,
(We called her the woman who did not care),
But the fool he called her his lady fair–
(Even as you or I!)
Oh, the years we waste and the tears we waste,
And the work of our head and hand
Belong to the woman who did not know
(And now we know that she never could know)
And did not understand!
A fool there was and his goods he spent,
(Even as you or I!)
Honour and faith and a sure intent
(And it wasn’t the least what the lady meant),
But a fool must follow his natural bent
(Even as you or I!)
Oh, the toil we lost and the spoil we lost
And the excellent things we planned
Belong to the woman who didn’t know why
(And now we know that she never knew why)
And did not understand!
The fool was stripped to his foolish hide,
(Even as you or I!)
Which she might have seen when she threw him aside–
(But it isn’t on record the lady tried)
So some of him lived but the most of him died–
(Even as you or I!)
“And it isn’t the shame and it isn’t the blame
That stings like a white-hot brand-
It’s coming to know that she never knew why
(Seeing, at last, she could never know why)
And never could understand!”

Esta disposición romántica al amor, a pesar del dolor que conlleva, termina siendo la más realista, lo que naturalmente ocurre cuando el final es inminente y ese afán de ser amado se trunca y ese amor inmenso que mueve al sol y a las estrellas se petrifica en un instante que determina nuestra existencia.