Archivos para Diciembre, 2007

En el cielo una hermosa mañana

Posteado en the thought sobre Diciembre 16, 2007 por litera

1.

Desde que me asumí atea experimento nostalgia por el catolicismo. A pesar de haber decidido no supeditar mi existencia a un mito, no puedo alejarme del todo del impacto de su influencia. La Biblia es uno de mis libros de cabecera, el referente por excelencia, el fundamento de varias de mis argumentaciones. Por supuesto que no la interpreto como lo haría un creyente, sino más como exegeta; no obstante, si la considero es porque en un momento me otorgó el entendimiento del mundo, basado en una fe ahora ubicada en asuntos puramente humanos. La idea de Dios en mi ser ya no existe pero alguna vez lo hizo, fue certeza contundente. Mi antigua fe quedó en mí como huella y de ella emana mi apego por las expresiones religiosas. Busco los espacios sagrados, las iglesias, los cánticos. Dios no existe en mí pero existe para otros: entre la fe de esos otros me desplazo; en medio de sus mandas y sus retablos; a través de sus plegarias, el ritual rezado de todas las semanas. Los veo cambiar de posturas, sentarse, pararse, arrodillarse, plantarse frente a un altar. Siento nostalgia por la idolatría, besar los pies de un icono. No soy capaz de hacerlo, pero cuando cientos de manos se levantan con el pulgar y el índice formando la señal de una cruz, me invade el deseo de tomar de nuevo los símbolos de aquello que las impulsa. Pero el deseo pasa pronto. Veo con claridad el yeso recubierto de cerámica con el que están hechas las figuras de los santos, de las vírgenes, del cristo. Veo la baratija de sus ojos de plástico. Representan menos de lo que significan, pero están puestas ahí a razón de esa fe que yo ya no tengo y que en ocasiones echo de menos, sobre todo cuando observo la luz de las velas que las circundan.

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2.

El festejo a la Virgen de Guadalupe es, en efecto, toda una fiesta. Desde finales de noviembre comienzan a desfilar las peregrinaciones. Simplemente con verlas se obtiene de súbito una ampliación en la gama de colores. No, en realidad es más que eso: es una intensificación: todo destella, el raso de la vestimenta de los matachines, la lentejuela que borda la imagen de la Virgen en sus espaldas; y todo resuena, los tañidos de los tambores, la danza que avanza, los petardos, los cantos. Las dos primeras semanas de diciembre la colonia se llena de sonidos, de humo, de colores, de gente. Hay luces por todas partes. Las peregrinaciones rodean el Santuario como queriendo guardarlo, protegerlo, rendirle tributo a la Virgen con la algarabía, con el cansancio, con el ritmo. Portando coronas se inclinan ante su reina, la Reina del Cielo. Disparando flechas imaginarias esperan rozar su corazón.

3 .

En el atrio de la Basílica se aglomera la gente. Todos quieren entrar. De los tres accesos sólo uno está abierto y saturado. Me infiltro entre los fieles y sus ofrendas y logro entrar al tiempo que inicia una porra a la Virgen. La Basílica está repleta y sus gritos resuenan hasta la punta de la loma (esa loma a la que todos le temen). En pocas ocasiones he visto personas de tan diversos estratos reunidas en un mismo lugar. Siempre es a razón de un ídolo, pienso, como en el Zócalo del D.F. el año pasado. Luego todos vitorean una porra nada menos que a Jesucristo. No tiene tanto impacto como la anterior: en la colonia impera el guadalupismo, Dios está muy lejos. De pronto un mariachi comienza a cantar Las mañanitas. Todas las voces estallan. Me conmueve el espacio mientras imagino cómo sería el sonido si se viera. Yo fui bautizada ante ese altar, ante esa imagen. Me llamo igual que la Virgen. Todo este despliegue de felicitaciones también me incumben.

4 .

Pisando el estacionamiento bailan la danza de los listones. Envuelven el palo de madera. Lo visten de secuencia de colores.

5.

Enfatizo la intensificación, no sólo de colores y sonidos, también de olores. Entre el Santuario antiguo y la Basílica se encuentra el adoratorio: una imagen de san Juan Diego arrodillado ante la Virgen, con la tilma extendida en su gesto de desplegar rosas hasta el infinito, hasta rebasar los límites de la incredulidad. Las rosas fueron la prueba, dicen, de la presencia de la Virgen. Su aroma la anunciaban. Frente a las figuras se extiende una alfombra de veladoras que despiden un cálido olor a rosas. Vienen de la tilma, son la reiteración de la fe, la convicción de la aparición de la Virgen. La alfombra crece a lo largo de la noche y el aroma a rosas fluye como fluye la fe: no sólo se percibe, se siente en el cuerpo como una brisa que embriaga y que cobija.

Tres veces Lennon (8/12/1980-8/12/2007)

Posteado en the eye, the word sobre Diciembre 8, 2007 por litera

0817-john-lennon-imaginejohn-lennon-posters.jpgLa voz de John Lennon fue una de las primeras voces que escuché. Quizás esto no sea cierto, pero así quiero creerlo, pues siempre ha sido un sonido familiar, algo que reconozco al instante. Cuando era niña, mis padres tenían una bella consola en donde escuchábamos los long-plays de los Beatles. Me recuerdo a mí misma tomando la caja, sacar el disco y ponerlo en la consola, acomodar la aguja. Seguramente lo hice con otros discos, pero en mi memoria tengo registrada esa acción siempre con un disco de los Beatles.

Puede objetarse: ¿por qué la voz de John, y no la de George, la de Ringo o la de Paul? Si todas las escuchaba al mismo tiempo, acudían a mí en tropel y no en solitario. Pero era la voz de John la que sonaba más fuerte. Entonces no lo tenía claro, pero mi empatía con John se funda en las palabras que utiliza para escribir sus canciones, en los acentos, la manera de otorgar ritmo a la palabra.

Hay tres canciones de John que me fascinan precisamente por esto. Y no sólo por eso. Las tres contienen, a mi parecer, una marcada carga de la ideología de Lennon, una expresión magistral de su poética, y una melodía en perfecta armonía con su idea de lo estético.

Girl

Girl is real. There is no such thing as the girl, she was a dream, but the words are all right. It wasn’t just a song, and it was about that girl -that turned out to be Yoko, in the end- the one that a lot of us were looking for.

It’s about, ‘Was she taught when she was young that pain would lead to pleasure, did she understand it?’Sort of philosophy quotes I was thinking about when I wrote it. I was trying to say something or other about Christianity, which I was opposed to at the time because I was brought up in the Church.”

“We’ve always done dirty little things on records. In Girl The Beatles were singing ‘tit-tit-tit-tit’ in the background and nobody noticed.”

Across the universe

“I was lying next to my first wife in bed and I was thinking. It started off as a negative song and she must have being going on and on about something. She’d gone to sleep ans I kept hearing, ‘Words are flowing out like endless streams…’ I was a bit irritated and went downstairs and it turned into a sort of cosmic song rather than, ‘Why are you always mouthing off at me?

The words are purely inspirational and were given to me -except for maybe one or two where I had to resolve a line or something like that. I don’t own it; it came through like that”.

Hay tres versiones de Across the universe que considero las mejores: la de los Beatles en el disco de Let it be; la de Fiona Apple; y la interpretada a tres voces por Sean Lennon, Rufus Wainwright y Moby.

Van las tres:

God

God is concept by which we mesure our pain.

The dream is over.

*Las citas de John fueron tomadas de The Beatles Anthology.

El gato sin nombre

Posteado en the word sobre Diciembre 4, 2007 por litera

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Holly Golightly, la encantadora socialitè de Breakfast at Tiffany’s de Truman Capote, vive con un gato sin nombre. Digo que vive con él y no que lo tiene en su casa porque Holly no concibe la idea de apropiárselo. “Pobre desgraciado -dijo, haciéndole cosquillas en la cabeza-, pobre desgraciado que ni siquiera tiene nombre. Pero no tengo ningún derecho a ponérselo: tendrá que esperar a ser el gato de alguien. Nos encontramos un día junto al río, pero ninguno de los dos le pertenece al otro. Él es independiente y yo también.” (Desayuno en Tiffany’s, Anagrama, 1990.)

El gato es un reflejo de Holly, su alter ego. Puede entrar y salir a placer. Nadie lo toma si éste no lo desea. Holly lo alimenta pero eso no quiere decir que sea su dueña, como todos los hombres que le dan dinero a ella no poseen ningún derecho sobre su persona. La independencia que Holly denota y que el gato connota, es el fundamento del personaje y de la novela.

La capacidad de desprendimiento no obstante la estrechez de la unión es una situación demasiado cotidiana. Los vínculos existen mientras uno así lo desee: siempre está latente la opción de romperlos. Holly es experta en romper lazos. Dejó a su marido y a sus hijos adoptivos para irse a Nueva York y no siente culpa por ello. Deja a cada uno de sus hombres siempre bien vestida y con los labios pintados. Se aleja y vuelve sin remordimientos, como lo haría un gato.

Y no obstante su facilidad para el desapego, Holly mantiene vínculos que la trascienden: con su hermano y, por supuesto, con el gato. A su hermano la une no el hecho de ser familia (eso es demasiado superficial), sino una empatía esencial: el reconocerse frágiles. Aunque Holly demuestra una independencia que fascina, en el fondo es sensible y el devenir del mundo le afecta sobremanera. Esto quizá sólo es percibido por el gato, que vive con ella y la observa cuando nadie la mira. Por eso, al final de la novela, cuando Holly va en el taxi rumbo al aeropuerto y a ese avión que la llevará a Brasil, trae consigo al gato y lo libera, después se arrepiente y regresa a buscarlo: abandonar al gato es abandonarse a sí misma, es como dejar determinada su suerte.

En la novela el gato no vuelve, pero en la película, Holly lo recupera. Esto convierte totalmente la esencia del personaje de Capote: para él, Holly es itinerante, libre, capaz de ofrecer cariño pero no de perpetuarlo. Al no recuperar al gato en la novela, Holly obtiene la opción de alejarse: era el estímulo que le faltaba para separarse del todo de Nueva York. El gato sin nombre no se queda a esperar el retorno de Holly. Más que perderse el uno al otro, se reencuentran consigo mismos.

¿Qué pasa cuándo el gato sin nombre se queda esperando por Holly en el callejón; cuándo ella lo encuentra? El sentido de pertenencia se recrudece y ella no se va. Toma al gato entre sus brazos y luego es abrazada por Paul y éste la besa y la estrecha para no dejarla ir. El gato, como Holly, se dejan tomar, sucumben al sedentarismo.

Entonces, tenemos dos Hollys, dos gatos sin nombre: unos con la capacidad de romper lazos, otros con la necesidad de crearlos. Aunque la Holly hollywoodense no fue aprobada por Capote, de algún modo completa a la Holly literaria. Digo de algún modo porque el personaje original está completo, es sólo que no expresa (o sea, no dice) algo muy obvio: para romper vínculos es necesario haberlos establecido, por lo tanto, esta Holly también precisa de crear, porque de otro modo no puede destruir. La Holly hollywoodense no tiene empacho en admitirlo, pero va más allá y eso la desvirtúa a los ojos de Capote: quiere crear un vínculo que justifique todo lo roto anteriormente. Esta Holly reniega de lo que la otra se enaltece. De su independencia.

Vuelvo al gato sin nombre, sin dueño. Sólo será nombrado por aquel que lo posea. Este principio representa, de algún modo, el fundamento de las uniones y las separaciones. Creemos haber encontrado en cierto momento la voz que nos nombra, y luego esa voz no nos llama más, o nos llama y ya no la atendemos. Entonces escuchamos otra voz que nos llama por nuestro nombre.