Archivos para Junio, 2008

La revista que fascina 3: Armas y Letras 62-63

Posteado en the eye sobre Junio 26, 2008 por litera

Después de muchas horas, días, semanas y meses, me da un gusto infinito anunciar que recién ha salido de la imprenta la última edición de la revista Armas y Letras. Se trata de un número doble muy variado que contiene, entre otros artículos, la traducción de uno de los libros del poeta francés René Char, Lettera amorosa, a cargo de Cristóbal Santa Cruz, poeta, ensayista y músico chileno; tres poemas de Ryszard Kapuscinski acerca de la escritura, el pensamiento y el tiempo; un ensayo de Agata Orzeszek, traductora al castellano de Kapuscinski, acerca de los rasgos europeos en la literatura rusa, materia de la que es catedrática en la Universidad de Barcelona; ensayos de Coral Aguirre, Jorge Dubatti y cuentos de Lina Meruane; una entrevista al escritor español Enrique Vila-Matas. Además, en este número se incluye el discurso que Fernando Botero leyó al recibir el grado Doctor Honoris Causa por la UANL, donde habla de la crisis del arte plástico a causa de un abuso del conceptualismo; en contraparte, se presenta la plática que sostuvieron Felipe Ehrenberg y Guillermo Santamarina en noviembre pasado en Colegio Civil acerca de las posibilidades que posee el arte contemporáneo cuando trasciende los límites del canon, que Botero defiende. Contamos con las columnas de Rodrigo Fresán, Eduardo Antonio Parra y la primera colaboración de la escritora Bárbara Jacobs en la sección Toboso.

Es un número muy rico en temas y en plumas tanto locales como nacionales e internacionales. Está ilustrado por Gustavo Villegas.

Take a seat and take a look:

Sueños

Posteado en the word sobre Junio 17, 2008 por litera

1.

Últimamente duermo demasiado. Me domina un sopor inconmensurable, inmenso como estos días que anteceden al verano. El calor es infinito y me noquea con la contundencia de todos sus humores. La gente suda, los espacios hieden, los tiempos se alargan. Por las espaldas resbalan gotas de transpiración, son aceite que adormila. Entonces duermo. Duermo durante el día y cuando despierto tengo la sensación de haberme quedado detenida en el tiempo, como si se hubiese interrumpido mi vida inmersa en el sueño. Niego el calor, niego el hastío, niego el olor de una ciudad en ebullición. Niego el aroma que yo despido. En el sueño la temperatura no existe, existe la intuición de la temperatura. Sueño la posibilidad de los grados centígrados.

2.

Mientras he estado despierta leí Las vírgenes suicidas (The virgin suicides, 1993*) de Jeffrey Eugenides. Ha sido como la extensión del sueño en la realidad, la sensación concreta de la temperatura que mientras se duerme sólo se presiente. La novela narra acerca de los suicidios de las hermanas Lisbon: Cecilia, Lux, Mary, Bonnie y Therese, todas ellas adolescentes. Sin alguna razón aparente, las hermanas deciden terminar con sus vidas. Primero es Cecilia, la menor, quien se tira desde la ventana de su habitación hacia los barrotes de la verja. Queda incrustada sin una mancha de sangre, como si estuviera flotando. Con su muerte Cecilia enfatiza el mito que circunda a sus hermanas, entes inalcanzables y hermosos que brillan con el sol. Seres sólo posibles en el sueño que agitan sus cuerpos y sus cabellos emanando calor. No un calor cotidiano sino un calor onírico. No un calor que duerme sino un calor que sueña. Que hace soñar. Eso es lo que despiden las vírgenes suicidas, el aroma agridulce de un sopor etéreo. Las cinco hermanas Lisbon que conforme se acercan a sus muertes se añejan en el silencio y en el encierro. Y sueñan. Sueñan la vida que ya no tendrán, esas temperaturas que no sentirán. El calor de un verano interminable se le has quedado impregnado en el cuerpo. Apestan a estaciones pasadas. No salen de casa. Duermen. O no duermen. Pero se mantienen soñando.

3.

Después de haber ido a un baile de la escuela, la madre de las hermanas Lisbon decide mantenerlas encerradas en su casa. Conforme pasan los meses y a causa del encierro, las hermanas Lisbon palidecen, adelgazan, se les atrofia la motricidad del cuerpo. Van como fantasmas. Se dedican a ocupaciones extrañas. No limpian su casa. Andan entre comida enlatada, muebles roídos, ropa usada, tampones, papel sanitario, bragas. Hay humedad, un tufo insoportable les emana. Es el aroma de lo frustrado, del corte de tajo, de la herida que les quedó abierta desde la muerte de Cecilia. Negadas a la vida se mantienen padeciendo ese estado de somnolencia. Hasta que una noche se suicidan. Therese se bebe una sobredosis de somníferos, Bonnie se ahorca, Mary mete su cabeza al horno, Lux se intoxica con monóxido. El sueño termina al experimentarse la temperatura, el calor de la muerte que supera por mucho ese otro calor que se les quedó como recuerdo, cuando salían al campo y la luz del sol les pintaba de amarillo los cuerpos.

4.

Hoy de nueva cuenta he dormido por la tarde. Me encierro, como las hermanas Lisbon, en una casa sin salidas. Hasta que los humores huelan. Hasta que la temperatura arrecie. Hasta que los grados centígrados se evaporen.

* Véase también la versión cinematográfica de The virgin suicides (2000), dirigida por Sofia Coppola.

Henry Miller bathroom monologue

Posteado en the eye sobre Junio 12, 2008 por litera