Del Musil que no conozco

 

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Siempre he sentido una fascinación por Austria. Más específicamente por los países de Europa Central y, por supuesto, los Balcanes. Tienen un hálito de reino perdido, de melancolía: son como la consorte de la Bella Durmiente, detenidas en un sueño de cien años infinitos. Mientras la Bella Durmiente despierta, esa Europa de las grandes naciones, la consorte, esos otros pedazos de tierra, perpetúan su sueño.

El sueño del imperio austrohungaro. El que planeaba grandes ciudades. El que murió asesinado por la guerra. Del que manó la belleza de los secesionistas. Los dorados de Klimt, sus náyades de largas cabelleras ondulantes. El imperio que ya muerto abandonó en desasosiego a sus súbditos. Los que, desesperados, sin la hoja de oro de la Atenea de Gustav, se abrazaron al expresionismo. Kokoschka, Schiele y la perturbación de sus trazos. Sus pinceladas los evidenciaban más de lo que quizá deseaban mostrarse.

Y es que el expresionismo se orienta hacia lo íntimo, hacia las revoluciones internas. Viene del frenesí psicológico, de hacer girones la mismidad para reconstruirla luego. En imagen, en lenguaje. Palabras como las de Robert Musil, austriaco, escritor expresionista. ¿Por qué

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introduzco a Musil? Porque recuerdo haber leído de él lo siguiente: “Precisamente busco lo natural, ¿comprendes? Nada que esté fuera de mí. Busco en mí mismo, en mí busco lo natural”. El acercamiento a uno mismo es un hecho dramático, tenso: la expresión puesta en movimiento centrípeto. Musil lo enuncia a través de Torless, su personaje legendario, el atribulado. Claro, como todos. El pesar tiene un dedo que nos señala a todos. Al imperio austrohungaro entero, a los individuos en solitario.

De Musil sólo he leído Las tribulaciones del estudiante Torless. No obstante, es de esos autores que sospecho dicen justo lo que necesito escuchar. Digo escuchar porque leer no es pasear los ojos sobre el texto: la lectura es pronunciar las palabras ya sea en silencio o en voz alta, pero pronunciarlas al fin y al cabo.

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Decía que Musil me reta a escuchar. Hace unos meses tuve la fortuna de trabajar en la corrección de un libro maravilloso, escrito por una de las mujeres más geniales que he conocido, Ilinca Ilian. El libro está compuesto de una serie de ensayos sobre, por supuesto, literatura de Europa Central. No pude haber sido más dichosa. Uno de los ensayos era acerca de Musil y su obra maestra e inconclusa, El hombre sin atributos. Ulrich, el protagonista, no sabe qué hacer con su vida y diserta teorías. Entre el análisis realizado por Ilinca, del cual no hablo porque aún no se publica el libro, inserta una serie de citas que, cuando las escucho, me parece oir al Musil que conozco, y al mismo tiempo, todo me suena a nuevo, fuera de contexto y no obstante pertinente. No saber qué hacer con tu vida, escribir una extensa novela en dos tomos sobre la imposibilidad de realizarte, decir cosas tan terribles como “Nada demuestra de forma más dolorosa la fuerza de lo inevitable que la manera por la cual un joven dotado se limita hasta llegar a ser un anciano cualquiera; y esto sin ninguna intervención violenta del destino, sino sólo dejándose presa de la desecación a la cual uno fue condenado por anticipado”, ¿no es expresionismo puro?

Pero no lo sé en realidad. A ese Musil no lo conozco y sus palabras me suenan sueltas, como en el aire. Sin embargo, me queda lo poco que sé de él, vasallo de un imperio perdido, jactancioso de simbolismos, de exquisiteces, de brillos. Un imperio que cayó con los valses de los Strauss en sus oídos.

3 thoughts on “Del Musil que no conozco

  1. Jessica, qué chingón blog y qué buenos ensayos y textos, lo de Musil y el texto de “Por qué no creo en Dios” deberían ser publiccados. Y sí, deberías nos sólo escrbir más seguido sino publicar. Textos como los tuyos, miradas, análisis y opiniones como las tuyas son las que se deberían escuchar (para usar tu imagen acústica de la lectura), en lugar de los alaridos pseudopoéticos de “los escritores jóvenes” de Monterrey, que hasta tiene su pinche encuentro en el que sólo intercambian fluidos, porque ideas no tienen una sola y su “creatividad” raya en el patetismo.

    ¿Por qué la gente seria y talentosa como tú se esconde y le dejan los reflectores a lo mediocres?

  2. Jessique Nieto, me gustó mucho tu post de Musil. Veo que estas posteando bastante, no sé por qué sospecho que vaya que sí necesitabas un blog. Bueno, ya sabes que siempre te mando muchos saludos y abrazos y que se te extraña bastante sin esas bajadas al sótano por café. Sigue escribiendo, chica.

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