He aquí mi poema brutal y multánime a la nueva ciudad…

bocci07.jpg

Somos seres urbanos. Asumirnos como tales es el principio del cosmopolitismo. Después viene el anhelo de calle, de escaparates, de edificios. La vorágine moderna con su coro de claxons. Vivir de café y cigarros. No ver las estrellas sino las luces de los arbotantes: alucinarlas lentejuelas. Ir con el tiempo. Contra el tiempo. Tras el tiempo. El cosmopolita avanza en un rush hacia la apertura: su objetivo es ser ciudadano del mundo, contener en sí mismo las potencialidades de todas las formas, para no pensar nada como diferente sino como algo ya latente que ahora reconoce. Pero sobre todo, el cosmopolita debe saber mostrarse open minded: cualquier prejuicio lo asesina, pero la ligereza lo nulifica.

1154432957_0.jpg Es a razón del cosmopolitismo que me fascina VRBE, de Manuel Maples Arce, el padre del Estridentismo, la gran vanguardia estética de México. Es el primer poema mexicano dedicado a la ciudad como ente (no por nada lo tradujo al inglés John Dos Passos, autor de Manhattan Transfer, la novela con la ciudad como protagonista por excelencia). Los estridentistas enaltecen la llegada de la máquina, del acero, de los humos de las factorías, pero lo hacen desde un enfoque crítico, como lo hiciera Charles Chaplin en Modern Times, donde Charlot es un obrero que termina literalmente dentro de la maquinaria como un engranaje más, un objeto dispensable con una única función que repite roboticamente hasta el final de sus días. Es la alienación del sujeto, su enajenación, diría Marx. En Metropolis, de Fritz Lang, el trabajador que va marcando los cambios de turno no tiene descanso y a nadie le importa: es parte del aparato. Aquí la situación del obrero es doblemente terrible, ya que además de estar enajenados viven en el subterráneo, anulados de la sociedad: son nadie, no existen.

Los contenidos sociales de los estridentistas estuvieron motivados por la Revolución mexicana y por la revolución rusa de 1917, los cuales se adaptaron a los nuevos discursos estéticos, como el futurismo. Les interesaba, sobre todo, la lucha contra lo tradicional y la expresión del hombre contemporáneo. A mi parecer, estos dos son los fundamentos del movimiento. En aquella época se había llegado a un punto en que la tradición paralizaba multitudes, los amodorraba con su gastada melancolía. Entonces, Manuel Maples Arce introduce el ruido, el estridentismo. Las multitudes despiertan. El estridentismo quiere que abran los ojos, las invita a cagarse en la estatua del general Zaragoza, manda a Chopin a la silla eléctrica y enaltece a Chaplin. Es necesario cambiar de iconos: el mundo está en movimiento.

moderntimes.jpg

Los futuristas promovían el manejo del lenguaje tecnológico del mundo moderno, la oda a la máquina, a la ciudad, a la velocidad y a la liberación del hombre por la máquina. Manuel Maples Arce dedica su poema VRBE a los obreros de México, los personifica, los abstrae y extrae de su nulidad, rescatándolos del complejo industrial a través de la concientización de su existencia. Los estridentistas tenían una postura política y apoyaban la revolución social. No están de acuerdo con la existencia mecanizada, abogan por la emoción.

Hay una petición de urgencia en el Manifiesto Estridentista: “Cosmopoliticémonos”, palabra que invoca una acción con doble sentido: asumirnos como los protagonistas del espectáculo moderno y hacerlo políticamente. Es una urgencia que resuena desde principios del siglo XX y todavía ahora, a principios del siglo XXI, apremia. Primero Marinetti, luego Maples Arce, después Chaplin y Fritz Lang: la ciudad inminente propone nuevas estructuras de pensamiento que el cosmopolita trae consigo como quintaesencias, como motores que lo impulsan a hacer/ser actualismo.

VRBE
(Súper poema bolchevique en cinco cantos por Manuel Maples Arce, 1924) (fragmento)

1

He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad.
Oh ciudad toda tensa
de cables y de esfuerzos,
sonora toda
de motores y de alas.

(…)

He aquí mi poema:
Oh ciudad fuerte
y múltiple
hecha toda de hierro y de acero
Los muelles. Las dársenas.
Las grúas.
Y la fiebre sexual
de las fábricas
Vrbe:
Escoltas de tranvías
que recorren las calles subversistas.
Los escaparates asaltan las aceras,
y el sol saquea las avenidas.

3 thoughts on “He aquí mi poema brutal y multánime a la nueva ciudad…

  1. Que matoncísimo post, Jessique!!! Amo la ciudad y su frenetismo, sus luces y sus autos. Amo a los estridentistas por vanguardistas, mamones y machitos, jajaja (según un estudio de Evodio Escalante, que acabo de comprar, hasta en eso contrariaban a los Contemporáneos, éstos abiertamente gays, aquellos bastante homofóbicos. Y sobre todo, qué chida película es Metrópolis… sigue siendo impactante, luego de tantos años de filmada. Me uno a ese eco de que nos volvamos cosmopolitas.
    Y a webo, Chopin a la silla eléctrica!! Viva el mole de guajoloteee!!!

    P.D. – Esos versos de “y la fiebre sexual / de las fábricas” son sublimes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s