Luca: The big solar boy

Sospecho que para estas alturas un número considerable de regiomontanos y no regiomontanos han presenciado el espectáculo de La fragua del mundo, evento emblemático del Fórum que se presenta todos los días en el Horno 3 de Fundidora. Hay quienes lo han visto varias veces. Yo sólo lo he visto una. Por supuesto, una marioneta gigante caminando entre la gente es maravillosa. Pero lo que a mí me ha impactado, primero, es una cosa: Luca se ha convertido en un referente histórico de la vida cultural de Monterrey. Cuando pasen los años alguien lo recordará y otro alguien dirá: Sí, yo también lo vi. Como cuando el cielo se tiñó de rojo hace algunos años. Es algo que quedará en la memoria. Es posible que lo que mucha gente recuerde del Fórum sea a Luca siguiendo a Prometeo envuelto en llamas. Sin embargo, podría asegurar que lo recordarán sin toda esa carga simbólica que sus creadores, Jorge Vargas y Philippe Amand, le ha impreso a cada elemento de su producción. Lo digo porque justo ayer he leído en El Norte una nota de Daniel Santiago que ofrece cifras acerca de la recepción del mensaje y, según indican, no es del todo digerido. Muchas veces, si no es que siempre, tomo con reserva lo que publica El Norte (sobre todo lo referente a las estadísticas), pero ahora consideré factible esta situación: ante la grandeza del espectáculo (Luca, una soprano cantando en vivo, música de chelos, bailarines, rapelistas, luces, fuego, Prometeo, el Horno 3 iluminado y sonorizado) el mensaje se diluye. La segunda cosa que me impacta es la seducción pronta por las formas y lenta por los contenidos.

Y es que estaba leyendo, en esta misma nota, los argumentos de los creadores de La fragua… y me parecen serios, una propuesta escénica sin precedentes en Nuevo León con un objetivo muy definido: englobar los cuatro ejes temáticos del Fórum y comunicar la importancia del conocimiento. Lo que me ha causado ruido, no obstante, de lo dicho por Jorge Vargas a El Norte, es el hecho de acceder al conocimiento. ¿Cuál es el sentido que le da a esta acción? ¿Es el conocimiento el que está ahí, latente, y uno entra en él; o es uno el que da cabida al conocimiento, el que se abre? Parece que no, pero hay una diferencia importante. La primera opción es muy sencilla: es mi exterioridad asimilándose a un stream of knowledge colectivo; la segunda opción es mi interioridad asimilando lo otro, lo de fuera. Esto requiere mayor esfuerzo, pues supone una violentación del ser, una modificación. Y a fin de cuentas, eso es lo que hace el conocimiento, nos modifica.

En el espectáculo, Luca despierta y una esfera de luz se le aproxima: el conocimiento. Luca lo toma, pero sin moverse de su sitio. Luego, Prometeo se le acerca, con el fuego en sí mismo, y lo incita a seguirlo. Lo que a mí me queda es una ambigüedad muy extraña, en la que el conocimiento se manifiesta de dos maneras y produce dos resultados distintos: la pasión y la acción. Entonces no me queda claro el mensaje. ¿Qué tipo de acceso al conocimiento se pretende comunicar, si es que se logra comunicar? ¿Y para qué?

En un momento de La fragua del mundo se escuchan versos de El sol de Monterrey de Alfonso Reyes, el sol -Prometeo- que persigue al niño -Luca. Que lo ilumina. Pero también podría cegarlo. Hay otro mito, el de Faetón, el hijo del Sol, que creyéndose el Sol mismo altera el orden del mundo al tomar el carro de su padre. Pero esta interpretación es demasiado mía. De nuevo me impacta la seducción pronta por las formas y lenta por los contenidos.

2 thoughts on “Luca: The big solar boy

  1. Primero que nada: una disculpa. Debo reconocer que creía ir al día en la lectura de tu blog, oh, fatal error humano. No es así. Y qué agradable sorpresa leerte a zancadas en textos donde me llevas desde Asia Argento hasta Amos Oz. Además, vas depurando tu estilo lentamente, como con gotero, dejando ir sólo lo innecesario, que es poco y por ello el instrumento es el justo.

    Yo vi a Luca el sábado: la gente corría y nos rebasaba para llegar a verlo. Mi hija lloró y no quería estar ahí: Luca le da miedo. ¿Es ncesario tanto consumo de combustible para impresionar a las masas? ¿Tantos changos colgando de arneses? ¿Coreografías pobres y triste puesta en escena donde el principal protagonista es el fuego? Independientemente de los contenidos que lleve el “espectáculo”, la verdad, este está pensado para impresionar, sólo cascaron: algo grande (ni tan grande) y artificioso (ni tan artificioso) sólo para justificar que llevan gente a montones.

    Enhorabuena por tu blog, Je.

  2. Algo que no comenté en mi post es que, entre otras cifras, la nota de El Norte indicaba que el montaje de La fragua del mundo costó o cuesta, no estoy segura, 25 millones de pesos. Me escandalicé. Es una cantidad increíble. Yo abro la puerta de mi casa todos los días y literalmente veo pobreza extrema: niños caminando descalzos hacia la punta de la loma, ancianos cargando en bolsas de Soriana todas sus pertenencias, una mujer que pone a secar su ropa en las ramas de un árbol. Cosas que pueden solucionarse con 25 millones de pesos que prefieren invertirse en un monigote de siete metros deslumbrado por un fuego que contamina cada noche. Quizás me leo muy alarmista o radical, no lo sé y sinceramente no me importa, porque son cosas que veo todos los días y que puedo comparar y confrontar con ese afán del regiomontano de ser muy primer mundo y mucha ciudad del conocimiento, cuando se tiene negada una realidad tan evidente como ésta.

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