Message personnel (o Águeda llora sobre sus encajes)

1.

Pío Baroja escribió un cuento llamado Águeda. Su protagonista es una mujer destrozada, pero no por excesos, sino por carencias: está seca de soledad. Pasa los días entre el balcón de su habitación y la sala familiar. Baroja no lo dice pero se infiere la palidez del rostro de Águeda, la fragilidad de sus miembros, la melancolía que la trasciende. Ella misma es la melancolía, un ejemplo andante de su contundencia. Lo que sí menciona Baroja es el detalle casi nimio que destruyó la vida de Águeda mucho antes de que ésta comenzara: “tenía uno de los hombros más alto que el otro”. Ahí está. Un detalle. En todo el cuento no vuelve a mencionarse pero queda como su rasgo determinante: Águeda tiene un defecto que la acongoja, que la mantiene encerrada mientras su madre y sus hermanas salen a todas partes y platican y ríen. Águeda se queda en casa, haciendo encajes, bordando. Cuando todos se han ido, rompe en llanto.

La soledad de Águeda se enfatiza al enamorarse. Y se enamora de esa manera que trasforma: comienza a cantar, a esmerarse en su arreglo, a sonreír. El hombre que ama visita su casa con frecuencia. Pero nunca fue por ella. La conversación con Águeda era puro entretenimiento. El hombre que ella amaba amaba a otra, otra que era una de sus hermanas, la más hermosa. Es obvio lo que sucede después: su hermana y su novio, ese hombre que Águeda tanto anhelaba, se comprometen. Como empujada por un terrible destino, Águeda se ofrece a bordar los ajuares de la novia. Por supuesto llora. Se dobla de dolor sobre los encajes. (Esto último no lo dice Baroja, lo digo yo que la imagino en la labor, con los hilos blancos entre los dedos, conteniendo el llanto para no manchar con sus lágrimas la tela del bordado. Seguro se dobla hasta sentir el estómago en la espalda. Seguro siente naúseas. Y aún así borda. Aún así contempla la calle con la esperanza de romper el ciclo monótono de su existencia.)

2.

El cuento comienza y termina con la enunciación del deseo de Águeda. No desea sólo amor sino que desea a un hombre. Aunque parezca lo contrario -y aunque Baroja no lo diga-, el afán de Águeda es romper con su enclaustramiento virginal. No quiere el amor por el amor mismo. No es tan ingenua y por supuesto no pretende nada platónico, pero “el hombre fuerte para respetarle, bueno para quererle, no venía, por más que Águeda le llamaba a gritos”.

Esto de llamar a gritos me recuerda una canción francesa de los años setenta, “Message personnel”, interpretada por Francoise Hardy y compuesta por Michel Berger. No es que la canción remita a la circunstancia de vida de Águeda, más bien evoca y enuncia el deseo, la necesidad de decirle a alguien que se le ama. Llamar a gritos supone una urgencia. Es cuando se ha llegado al punto de no retorno. El mensaje personal de Águeda conlleva esa ansiedad. No obstante, “Message personnel” es como una plegaria, casi una súplica. “Piensa en mí”, dice la canción al final. Piensa en mí porque te amo. Piensa en mí porque también estoy ante un balcón esperando tu respuesta o tu aparición. El cuento de Pío Baroja como la canción de Francoise Hardy son reflejo de las ansias de los primeros y últimos amores.

Message personnel

Au bout du téléphone, il y a votre voix
Et il y a des mots que je ne dirai pas
Tous ces mots qui font peur quand ils ne font pas rire
Qui sont dans trop de films, de chansons et de livres
Je voudrais vous les dire
Et je voudrais les vivre
Je ne le ferai pas,
Je veux, je ne peux pas
Je suis seule à crever, et je sais où vous êtes
J’arrive, attendez-moi, nous allons nous connaître
Préparez votre temps, pour vous j’ai tout le mien
Je voudrais arriver, je reste, je me déteste
Je n’arriverai pas,
Je veux, je ne peux pas
Je devrais vous parler,
Je devrais arriver
Ou je devrais dormir
J’ai peur que tu sois sourd
J’ai peur que tu sois lâche
J’ai peur d’être indiscrète
Je ne peux pas vous dire que je t’aime peut-être

Mais si tu crois un jour que tu m’aimes
Ne crois pas que tes souvenirs me gênent
Et cours, cours jusqu’à perdre haleine
Viens me retrouver
Si tu crois un jour que tu m’aimes
Et si ce jour-là tu as de la peine
A trouver où tous ces chemins te mènent
Viens me retrouver
Si le dégoût de la vie vient en toi
Si la paresse de la vie
S’installe en toi
Pense à moi
Pense à moi

Mensaje personal

Del otro lado del teléfono está tu voz
y están las palabras que no diré
todas esas palabras que asustan cuando no hacen reír
que están en muchos filmes, canciones y libros.
Querría decírselas y querría vivirlas.
No lo haré. Quiero. No puedo.
Estoy tan sola que me muero y sé que está allí.
Ya voy, esperáme, vamos a conocernos.
Prepara tu tiempo, tengo todo el mío para ti.
Querría ir, me quedo, me odio. No iré. Quiero. No puedo.
Debería hablarle. Debería ir. ¿O debería dormir?
Tengo miedo de que sea sordo.
Tengo miedo de que sea cobarde.
Tengo miedo de ser indiscreta.
No puedo decirte que te amo, tal vez.

Pero si un día crees que me amas
no creas que tu recuerdo me molesta
corre hasta perder el odio.
Ven a mi encuentro.
Si un día crees que me amas
y si ese día te cuesta hallar ese camino
tú sólo ven a mi encuentro.
Si te invade el rechazo de la vida.
Si te invade la pereza de vivir.
Piensa en mí.
Piensa en mí.

(Traducción tomada de la película 8 femmes de Francois Ozon)

4 thoughts on “Message personnel (o Águeda llora sobre sus encajes)

  1. En Parras de la Fuente, Coahuila se cuenta una historia similar a la que nos presentas de Pío Baroja. Allá en el primer pueblo mágico del noreste de México se narra la leyenda. Dicen que en los pasillos de la escuela normal de educadoras, que se encuentra frente a la plaza de armas, se escuchan los lamentos de una mujer que murió de carencias afectivas… el dueño de la estaca venenosa del amor fue el junior de la casa, el señorito, el hijo de los patrones… El muy caliente la enamoró, se la cogió y luego la abandonó. Se fue a estudiar a la capital de la Nueva España. Le prometió volver el muy pirujo, no le avisó que volvía, nomás llegó, pero comprometido, se olvidó de las promesas… El muy pesado prefirió casarse con una vieja muy mamona de México. La unión se llevó a cabo en la iglesia de Santa María de las Parras. La pobre mujer, sirvienta, de lágrimas negras, quedó ciega de tanto coser el pinche vestido blanco de la novia. Ni modo, su mecanismo de defensa no se activó. ¡coño! Es la locura…

  2. Llegué a este post buscando la lentra de message personnel, pero tambien encontré esta bella reseña del cuento… me pareció muy bueno tu estilo de escribir.

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