Traicionar, ese acto del sigilo (¿y qué?, dice la lealtad vilipendiada)

¿Con qué tiene que ver la traición? O más bien, ¿en qué momento se traiciona realmente, a quiénes se traiciona y por qué, con qué fines? Por lo general se interpreta a la traición como un acto vil, de baja categoría, incluso de mal gusto. Se le relaciona con el sigilo entre las sombras, la oscuridad de la noche y todos esos lugares comunes de lo lúgubre porque el que traiciona sólo se mueve en la penumbra de lo perverso. Qué terrible determinación. Y qué si se traicionara a plena luz de día, frente a la mirada atónita de cientos de transeúntes. Y qué si todos miraran el instante mismo en que se consuma el traspaso de información, la entrega de datos, un roce de manos, un beso que no debiera ser dado. Y qué si se hiciera sin afán de ocultarlo sino todo lo contrario, con el deseo de mostrarlo y quitarle a la traición su estigma de acto malvado, de acción ruin y dejarla como una cosa más que sucede en el devenir de los días. Y qué si uno traicionara y fuera traicionado continuamente. ¿Y es que eso no sucede todo el tiempo?

 

una-pantera.gifEsto es lo que plantea Amos Oz en su novela Una pantera en el sótano: la traición como algo cotidiano, tan cotidiano que sólo es posible, sólo se concreta en aquellos a quienes amamos. La traición profunda, que viene como fuerza centrípeta desde el corazón de una casa, de una familia, de una comunidad, y así hasta el infinito. La historia ocurre a finales de los años cuarenta en Jerusalén, justo en la decadencia del mandato británico. Profi, un niño judío, organiza con sus amigos un juego de “resistencia” al enemigo inglés; una tarde, mientras vuelve a casa antes del toque de queda, Profi se encuentra con Stephen Dunlop, un sargento de la policía británica con el que simpatiza —aunque se resiste a admitir esa simpatía, precisamente por considerarla traición— y acuerdan un intercambio de clases de inglés y hebreo. Comienzan a verse en un café. Ben Hur, amigo de Profi y miembro de la “resistencia”, lo descubre, y pinta un graffiti en su casa con la leyenda de “traidor”. Aquí es donde inicia la novela. Profi está en casa con sus padres. Su padre le dice que un traidor es más despreciable que un asesino. A lo largo de la novela, la relación entre Profi y su padre estará marcada por esta línea de incomprensión, sobre todo con respecto a la traición y todo aquello que debe quedar oculto. Porque el padre oculta algo y es por ello que la traición hecha pública de su hijo le incomoda: la discreción es una virtud y el traidor, por ser traidor deber ser, ante todo, discreto.

Hay una frase que la madre de Profi enuncia en el momento en que la familia nota el graffiti en la pared de la casa. Esta frase fundamenta la reflexión general del libro: “El que ama no traiciona”. Acto seguido, Profi, que es el narrador, se rebela: por supuesto que el que ama traiciona, es principalmente el que ama quien traiciona con mayor motivo: “La esencia de la traición no está en que de pronto se levante el traidor y salga él solo fuera del círculo limitado de los leales y los fieles. Sólo un traidor superficial actuaría de esa manera. El traidor profundo, interno, es el que está más en el centro. En el corazón del corazón: el más parecido, el que está más involucrado y el que más pertenece al asunto. El que más se parece a los demás, incluso más que otros. El que verdaderamente ama a aquellos que traiciona, porque, si no los ama, ¿cómo los va a traicionar?”

Así, como el que ama es quien traiciona, los motivos de su acto están fundamentados en el amor. No es el daño insípido ni cínico ni superfluo: es el daño absoluto, el que quebranta el lazo, pero siempre con el amor de por medio. Porque se sabe que hay una lealtad que se está rompiendo, una lealtad que se está despedazando. Por supuesto que eso no puede ser banal y la frase de la madre de Profi no tiene pertinencia: “El que ama no traiciona”. Es una mentira. Sólo cuando se ama se es capaz de traicionar, es como una prueba de afecto. Y qué si lo entendiéramos realmente de esta manera sin escandalizarnos. Y qué si pudiéramos mofarnos de la lealtad como lo haríamos de un chiste malo, de algo sin importancia. Y qué si a la lealtad en el fondo le diera risa tanta pleitesía, tantos honores en su nombre. Y qué si ella deseara un poco de traiciones para mantener el equilibrio del mundo; traiciones cotidianas, como las que narra Amos Oz en esta novela donde traiciona a todos los que participan en ella; traiciones que no se concretan y que dejan llagas como ésa que el padre de Profi oculta y que le cuenta una noche entre lágrimas; traiciones delicadas como las de los amantes que no pueden besarse; traiciones por doquier. Y qué, dice la lealtad, y qué.

la-lealtad.jpg
La lealtad, Francisco de Goya
Museo Pedro Coronel, Zacatecas, Zacatecas
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Un pensamiento en “Traicionar, ese acto del sigilo (¿y qué?, dice la lealtad vilipendiada)

  1. Jo, que maravilla de texto, tengo el libro y me lo pienso leer cuanto antes, me lo regalaron hace tiempo y ahí estaba, traicionado en una estantería, porque seguro que si no lo amo más es porque aún no lo he leído
    Gracias!

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