Era el ser más débil arrastrado por la turba

La canción La foule (1957), interpretada por Edith Piäf, trata acerca de una masa de gente, la foule, que empuja con su vaivén a una mujer hasta los brazos de un hombre, a su vez empujado por la multitud; se encuentran unos segundos, los suficientes para que ella se enamore; luego la misma turba la arrastra lejos de él, y nunca lo vuelve a ver. La canción, escrita por Michel Rivgauche, está plena de alusiones al rush citadino, a esa urgencia que nos impele a todos y que nos impide vernos a la cara. Pareciera que todos tenemos el mismo rostro inexpresivo, domesticado por la inercia. Por eso cuando suceden estos milagros, el de poder distinguir un rostro entre la gente, lo más lógico es que caigamos rendidos a sus pies. Pero también hay que destacar el hecho de que Edith, la que canta, se posiciona como un personaje alternativo, un ser que es arrastrado por el tumulto porque no se adapta a su movimiento. Es como Nadja, que va caminando en contra de la corriente. Todos los rostros miran hacia un punto, pero Nadja no mira nada, o mira otra cosa. La foule trata, sobre todo, de la enajenación de las multitudes y la posibilidad de su liberación, ya sea por el amor, ya sea mediante la contemplación de otros escenarios posibles, escenarios ajenos a la linealidad de la rutina, escenarios como ondas, corrientes que convocan a la creación.

¿Y a qué viene todo esto? Tiene que ver con la paciencia, tiene que ver con la rebeldía, tiene que ver con la escritura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s