Alumbrando (a) la escritura

anais

El hijo, por ser sólo un símbolo, es innecesario.

Anaïs Nin

El 18 de mayo de 1934, Anaïs Nin escribe en su diario que acaba de descubrir que está embarazada de Henry Miller. Lo primero que apunta acerca de su hijo es que debe destruirlo. No puede obligar a Hugh, su marido, a aceptar al hijo de otro; Henry, por su parte, no lo quiere. Anaïs, fiel a su discurso de ser la amante de todos los hombres, decide abortar. Es precisamente su deseo de no dejar de ser “la amante” el que la mueve a renegar de la maternidad. Considera a los otros, pero a lo que más le teme es a perder su mismidad, entregarse al sacrificio vitalicio de velar por un hijo. “Por la noche. Me niego a seguir siendo madre. He sido la madre de mis hermanos, del débil y pobre Hugh, de mis amantes, de mi Padre. Quiero vivir tan sólo para el amor del hombre y como artista. Como amante, como creadora. Nada de maternidad, de inmolación, de generosidad. La maternidad sería otra vez la soledad: dar, proteger, servir, entregarse. No. No. No.”

El temor de Anaïs, sin embargo, no es tan predecible. A fin de cuentas muchas mujeres no desean tener hijos por los mismos motivos. Pero para una mujer que escribe, el acto de crear se vive desde otra perspectiva. Parir a un hijo es un símbolo, una alegoría, una forma de entender la concepción de las palabras, de la escritura. El hijo trae consigo una voz nueva, toda una serie de historias, palabras no dichas. Anaïs comienza a relacionar su incapacidad de crear, es decir, de escribir, con su capacidad de concebir. Si no puede escribir, al menos puede crear vida. Pero eso no es un consuelo, al contrario, es un pesar, porque lo que verdaderamente se desea es escribir, crear de formas más sublimes. Entonces se empeña en abortar, pero el feto se resiste. Crece. Anaïs lo siente en su interior y no puede evitar amarlo; no obstante, su decisión está tomada. Al cabo de seis meses, Anaïs concerta con un médico la extracción del feto. “Será como un parto”, apunta en su diario, y reitera: “Soy una amante. He tenido demasiados hijos”.

Ante la inminencia del aborto, de la destrucción, Anaïs se impone como creadora. No surgirá vida de su seno pero sí palabras, la configuración de las historias. Un día antes de la operación prepara el escenario para recibir al médico: “Estaba contenta por la dulzura y el decorado en que la Princesa va a abortar”. Podría parecer que Anaïs se evade, que se aferra a su afán de creación literaria para no sentir dolor o culpa, pero no es así. Hay dolor en su incapacidad de ser madre, a causa del contexto que la obliga a no tener hijos, y por supuesto le asquea la idea de destruir algo en ella gestado; pero ante todo se muestra congruente consigo misma, y eso es algo que pocas, muy pocas personas logran hacer.

La operación duró horas y fue terrible. El feto murió estrangulado mucho antes de salir del cuerpo de Anaïs. Era una niña. Anaïs se derrumba: “Sólo más tarde este arrebato de ira dio paso a una gran tristeza, a lamentaciones, a un largo sueño de lo que está niñita pudo haber sido. Una creación muerta, mi primera creación muerta. El dolor profundo que causa cualquier muerte y cualquier destrucción. El fracaso de mi maternidad, cuando menos de su encarnación, la abdicación de un tipo de maternidad en aras de otra más elevada”. Pasados unos días, Anaïs confirma que hizo lo correcto y se siente mejor. De nueva cuenta se encuentran ella y su escritura, ella y sus amantes. El símbolo que el hijo representaba deja de atormentarla. El acto creativo se deslinda del útero y, al final, lo único que persiste es la escritura. El hijo no existe.

Las citas fueron tomadas de Nin, Anaïs. Incesto. Diario amoroso (1932-1934), editado por Siruela.

5 thoughts on “Alumbrando (a) la escritura

  1. Qué sorpresa ver que has vuelto a la escritura, que volvió del coma. Pasaba para ver si ocurría el milagro, y se dio.
    Como me pasó con tus posteos anteriores, que me hicieron regresar, los nuevos me resultan atrapantes.
    Saludos.

    • Hola. Gracias por tus comentarios. Gracias sobre todo por leerme. Voy a revisar lo del correo. Sí, tenía mucho de no escribir. A veces pienso, como dices, que sólo por milagro puedo lograrlo a veces. Pero en ocasiones los milagros se anuncian y uno debe estar atento a escucharlos. Si la escritura es un milagro, me parece que siempre se anuncia. Uno decide, y en eso radica la voluntad (que yo no puedo dejar de lado nunca), si la escucha o no.

  2. Bueno, del extracto sobre la vdia de Anaïs, al artista, la amante, yese episodio de psicopatología y algo tan fuerte como l aborto y el negarse a la renuncia de su libertad hipotecada en un hijo. Instintiva, Anaïs Instintiva…impulsiva, pasional…gracias por compartir…
    Con tu permiso, lo postearé en mi web, pondre tu link, por demás..un placer y cuando gustes sos bienvenida.

  3. Y luego este! Ah, Jessica, tengo mucho que comentar sobre este post. Pero, sabes, ahora justo salgo a ver al pediatra… sí, has leído bien, al pediatra, que no al psiquiatra. Y aún con todas estas inconveniencias, desavenencias y cansancios, por lo pronto puedo decir que contradigo absolutamente a Anaïs: El hijo, por ser sólo un símbolo, es ABSOLUTAMENTE NECESARIO. Y te contradigo a ti: el hijo SÍ EXISTE. Aún abortado, existe. Te envío a tu correo un ensayo que hice el año pasado sobre Plath, la maternidad y la escritura, para que entiendas de qué manera entiendo cómo el hijo no es incompatible (al menos no simbólicamente) con la escritura, sino precisamente ES ELLA.

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