Los hilos de la escritura

Para Alejandro, otra vez y siempre

Que las líneas que conforman la escritura, vistas desde cierta perspectiva, dan la impresión de ser un entramado de hilos, una suerte de tejido de palabras, es una metáfora que se ha usado desde Homero, cuando en la Odisea nos presenta a Penélope, eterno ejemplo de la fidelidad y de la espera, quien durante los 20 años en los que aguarda pacientemente el regreso de Odiseo-Ulises, hilvana y deshilvana el mismo estambre, una y otra vez. Este hilo, pienso, es mucho más que un simple recurso del personaje para excusarse con sus pretendientes y mantenerlos a la espera. El hilo de Penélope es el objeto que simboliza la tensión y distensión de la narración. Por su constante transformación se van generando las aventuras de Ulises. Penélope es, pues, quien escribe, con sus hilos, la historia de su esposo. Ella manipula su estar y su no estar. No es tan pasiva como parece. En realidad, está detrás de todo. Y me atrevo a afirmar que todo el tiempo tiene la certeza de cuándo va a aparecer Ulises.

PenelopeSuitors

Antes de Penélope, ya había habido hilos enredándose en los mitos, es decir, en las ficciones. Está el hilo de Ariadna, por el cual Teseo lograr salir del laberinto. Desde entonces, la escritura se visualiza como un hilo que se anuda y se desanuda, y de esta manera se construyen las historias. Pero esta idea de la escritura no se ha quedado en el mero ámbito de la analogía. Basta ver los quipus de los incas, sistema de escritura que consiste en hacer nudos de diferentes colores en cuerdas de algodón o lana, para memorizar fechas y eventos.

Qullqa_(Inca_Warehouse)_by_Guaman_Poma

Como ocurre con Penélope, los incas usan los hilos para no olvidar algo importante: Penélope, gracias a su tejido, no olvida a Ulises. Sin embargo, tampoco es un medio infalible. Teseo, con todo y el hilo de Ariadna, la deja olvidada en una isla. Así, la escritura literaria, al compararse con un hilo, adquiere la cualidad de no ser definitiva. Todas las historias pueden cambiar. Todos los poemas pueden sonar distinto. Cada escena teatral puede representarse de mil maneras. Ser un hilo es, para la escritura literaria, ser la posibilidad.

Hay algo más que iguala al acto de escribir con el acto de coser o de tejer. En ambos casos, hay que manipular con las manos un objeto desde el cual se gesta la letra o el nudo. Hay que mover las manos para darle forma a la letra. Si quiero hacer una “a”, tengo que mover mi mano, mientras sostengo la pluma, para que la tinta brote con el vaivén de una “a”. Del mismo modo, quien cose o teje, debe mover sus manos de manera que el estambre o el hilo avancen hacia el tejido o sobre la tela por medio de las agujas. Tanto la escritura como el tejido van apareciendo conforme se mueven las manos, y lo que surge es algo que ocupa un espacio y que contiene a su vez espacios de unión y de separación, palabras y silencios, hilos y más hilos.

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